Todos nos vamos a dormir pensando
que nada va a pasar hasta que nos despertamos en la mañana, pero a veces la
noche se vuelve contra nosotros y conspira con nuestros más profundos miedos. La
luz de la luna llena un recuadro de luz encima de la cama, no hay luces
prendidas y solo se escucha el tic tac del reloj. El silencio de la noche solo
se ve interrumpido por el leve silbido de la brisa de otoño contra las hojas de
los árboles. Mientras divago entre lo ocurrido en el día y las tareas del día
siguiente, me quedo dormido en tranquilidad absoluta. Los sueños se funden con
la realidad, me veo acostado en mi cama pero la angustia se apodera de mi
cuerpo mientras todo se vuelve blanco y negro. Siento una mirada fija sobre mí
desde el rincón más oscuro de la habitación. La angustia se trasforma en
parálisis total mientras la sombra empieza a tomar forma. Ojos rojo tornasol
delineados por un insondable negro aparecen junto con oscuras patas peludas.
Una araña gigante se acerca con un paso casi imperceptible, su mirada sigue
fija en mí. Lentamente y casi en una sonrisa burlona, sus dientes se ven
iluminados cuando pasa frente a la ventana. La boca de la araña saboreando su
próxima presa babea un líquido oscuro con que el ambiente se llena de un
nauseabundo olor húmedo y acre. Siento la prisión ejercida por sus patas
alrededor de la cama y su cabeza yendo hacia mí en el último momento antes de
cerrar los ojos con terror. Los colmillos se clavan en el cuello y lentamente
pierdo el conocimiento, cuando aún queda una pequeña chispa de lucidez siento
la tela alrededor de mi cuerpo apresándome por última vez.
miércoles, 26 de septiembre de 2012
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